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La Oración del Labriego

La capacidad creativa del bardo criollo Felipe Pinglo asombraba a todos. Nuestro gran compositor podía crear canciones maravillosas, al instante, con sólo tener algún tema sobre el cual escribir. De esa manera nacieron los valses “El canillita”, “Melodías del corazón”, “Mendicidad”, “Tu nombre y el mío”, “La oración del labriego” y otros más, que Pinglo los escribió en presencia de amistades, las cuales fueron testigos del nacimiento de una obra más de nuestro magnífico bardo inmortal.

No se ha podido comprobar si Pinglo tuvo alguna afiliación política. Sin embargo, es muy claro que él sentía y vivía los problemas sociales de su época, como lo demuestra en algunas de sus composiciones. Una persona a la cual le preocupaba no sólo sacar adelante la canción criolla, sino también el progreso nacional, como lo mencionó en su carta a Víctor Echegaray en junio de 1931, no podía estar ausente de los problemas sociales que ocurrían a su alrededor, de ninguna manera.

Felipe Pinglo se sintió influenciado por los intelectuales de su época, como es el caso de José Carlos Mariátegui y Leonidas Yerovi. A Yerovi lo admiraba tanto que hasta le dedicó una de sus composiciones y, según el cronista Gonzalo Toledo, a Mariátegui lo solía visitar en la calle Sequión de los Barrios Altos, llamada también calle del Acequión, actual calle Huari, en el No. 271. Allí Pinglo le mostró algunas de sus composiciones, pero no se sabe nada más sobre la relación entre ellos; aunque recuerdo haber leído que Mariátegui no prestaba mucha atención a lo que Pinglo le enseñaba. Tal vez porque pensaba que ésa no era la manera de llegar al pueblo y sus problemas.

A mi parecer, las composiciones que Pinglo le enseñó a Mariátegui fueron las de amor, por ello Mariátegui no le prestaba mucha atención. Esto lo sostengo en base a que Mariátegui falleció el 16 de abril de 1930 y durante la década de los 20 Pinglo no componía todavía sus canciones de contenido social. Fue en sus últimos años de vida, los años 30 del siglo pasado, en que Pinglo empezó a crear canciones de contenido social, después de la muerte de Mariátegui. Si tan sólo José Carlos Mariátegui hubiese vivido unos años más, para poder apreciar “El Plebeyo”, “Pobre obrerita”, “El canillita”, “Mendicidad” y “La oración del labriego”, tal vez él mismo se hubiese acercado, esta vez, al Maestro.

Por aquellos años 30, Lima estaba llena de huertas y chacras, especialmente en sus afueras. Mucha gente se dedicaba a trabajar la tierra, madrugando para ello, dependiendo del clima para que sus frutos florezcan. Cuando Pinglo observa este trabajo, decide plasmar en versos la labor de la gente que trabaja la tierra y la esperanza que abrigan, o fe, en que el clima los ayudará con sus sembríos.

Carmen Pinglo, hija de Felipe Pinglo, le contaría a Ricardo Miranda Tarrillo como fue que nació el hermoso vals “La oración del labriego”, que Pinglo creara ante la presencia de muchas personas, incluyendo su familia, unos días después de que creara su vals “Mendicidad”.

La noche del 21 de agosto de 1934, Felipe Pinglo acompañado de su esposa, cuñados y amistades se dirigieron a la Hacienda Mendoza en Monterrico para brindarle una serenata a su comadre María Rosa Martínez de Tirado, esposa de Antonio Tirado, caporal de dicha hacienda. El cumpleaños de María Rosa era el día 22 de agosto, así que luego de la serenata, y posterior brindis, se procedió a festejar el onomástico con música, que entonaban los criollos que acompañaron a Pinglo, comida y trago que habían llevado; porque antes se acostumbraba llegar a una casa con todo preparado con el afán de no poner en compromisos a los dueños de casa.

Eran las primeras horas de la madrugada del día 22 de agosto de 1934 y Pinglo decide salir de la casa, quizás, a tomar un poco de aire fresco y descansar un poco de la bulla que toda reunión siempre causa. Se pone a caminar alejándose de la casa, deteniéndose en una tapia desde donde se pone a observar a los campesinos que desde temprano ya están trabajando la tierra, abriendo surcos en ella y esparciendo las semillas que después brindarán los frutos deseados.

Aquella escena conmueve a nuestro bardo por lo que saca su lápiz y papel, que solía cargar, y se pone a escribir los versos de una nueva canción, mientras seguía contemplando el trabajo de los labriegos. Cuando el sol está ya del todo alumbrando en el cielo, Pinglo tiene terminada la letra de un vals que muy pronto empezaría a sonar en todos los ambientes musicales, “La oración del labriego”.

El grupo “Mercedarias”, que estrenó con Pinglo su vals “Mendicidad”, sería quien primero empezaría a divulgar la hermosa creación de nuestro bardo criollo, que rápidamente empezó a circular por la ciudad capital. La tradicional Fiesta de Amancaes fue también uno de los escenarios donde se entonaría el vals de Pinglo “La oración del labriego”, cuando el Conjunto Criollo de Canto y Guitarra lo ejecutó allí el 24 de junio de 1938.

El cine y el teatro fueron asimismo escenarios de algunas de las composiciones de Felipe Pinglo. El lunes 12 de mayo de 1941 se presentó en el teatro Metropolitan la revista musical “Melodías de Pinglo”, con libretos y escenografía de Aurelio Collantes y Augusto Naranjo. Se escenificó “La oración del labriego”, “Bouquet”, “El Plebeyo” y “Mendicidad”.

Ese mismo año, 1941, el cancionero “Alta Voz” señalaba que “La oración del labriego” era uno de los temas preferidos del repertorio de Jesús Vásquez, quien lo interpretaba en la radio y, años después, lo llevó al disco…

En la edición No. 1563 de “El Cancionero de Lima”, de abril de 1945, se publica la letra de “La oración del labriego” mencionándose que fue grabado en Argentina por “Los Trovadores del Perú”. Jorge Huirse los acompañó en dicha grabación, en el piano con Miguel Paz, para el sello Odeón.

La Orquesta de Miguel Caló, que tenía ya en su repertorio las composiciones peruanas “El Plebeyo”, “Me duele el corazón” y “Todos Vuelven”, también incluyó “La oración del labriego” que fue todo un éxito en tierras argentinas.

En La Crónica del 31 de mayo de 1945, Juan Rasilla Moreno contó de que Andrés Segovia, el gran guitarrista de fama mundial, dijo en una oportunidad de que era imposible que una persona que no leyera música a primera vista, hubiera podido componer tan linda pieza; refiriéndose a Pinglo y “La oración del labriego”.

A inicios de los 60, “El Cumpa” Jorge Donayre Belaúnde llevó a la televisión la representación de algunos de los valses de Pinglo. Se escenificaron los valses “La oración del labriego”, “De vuelta al barrio”, “El espejo de mi vida”, “El huerto de mi amada” y “El Plebeyo”. En la actualidad, “La oración del labriego” sigue entonándose y causando admiración por su hermosa letra y música, habiéndose convertido en uno de los valses inmortales del cancionero criollo peruano.

La Oración del Labriego
(Vals Peruano)
Felipe Pinglo
Es ya de madrugada, el labriego despierta,
al entreabrir sus ojos la luz del alba ve;
entonces presuroso, saliendo de su lecho
musita esta plegaria lleno de amor y fe:”Señor,
Tú que has creado las aguas de los ríos
y a los prados permites el verdor que se ve,
no niegues al labriego el divino rocío
que con cada caída alegra nuestro ser.
La campiña que luce hermosos atributos,
por ti florece siempre, cual ameno vergel;
pero si Tú nos niegas agua, sol y rocío,
morirán los labriegos de inanición y sed”.
Después de la jornada, la lampa sobre el hombro,
al ponerse la tarde retorna el labrador
y mientras tranquea de vuelta a la cabaña,
cantando el pensamiento modula esta canción:

“La ansiada primavera que exalta los amores
te debe la pureza de todo su arrebol
y el concierto admirable de pájaros y flores
por obra de tu gracia ostenta su primor”.

En medio de este encanto que alegra corazones
el labriego es el guarda de tan rico joyel,
como guardián te pido que con tu omnipotencia
multipliques los frutos que cosechar podré.

(Versión publicada en “El Cancionero de Lima” No. 1141)

Por: Dario Mejia
Melbourne, Australia
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